martes, 1 de abril de 2008

Imagen de Cristo en el arte


Material tomado de la UCA.



Introducción
Arte paleocristiano (siglo I-IV)
Arte bizantino
Románico (siglo XI-XIII)
Cristo en la cruz en majestad
Gótico (siglo XIII-XV)
La imagen de Cristo al final de la Edad Media
Renacimiento
Barroco (siglo XVII-XVIII)
El rostro de Cristo en los siglos XVIII y XIX
La imagen de Jesús en el siglo XX

Desde su aparición, el arte paleocristiano utiliza para representar a Cristo el legado de la iconografía pagana adaptada al nuevo mensaje. El Hermes Crioforo, por ejemplo, se transforma en el Buen Pastor. Poco a poco este nuevo arte va asentando con autonomía una iconografía y estilo propios. En las catacumbas encontramos representaciones de Cristo a través de imágenes simbólicas como el pez, el áncora, la cruz, la paloma, el pavo real. En el románico, en cambio, la representación más frecuente de Cristo es majestuosa: como Señor del universo. Es el Dios Todopoderoso o Pantocrátor, rodeado por los símbolos de los evangelistas (tetramorfos). En el Gótico, por su parte, las representaciones de la figura de Cristo manifiestan la tendencia idealista que busca la belleza en sí misma. Sin embargo, encontramos mayor realismo de las figuras que en los períodos anteriores: se destaca la armonía del cuerpo humano representado aunque esta armonía se pone siempre al servicio de la expresión de la inmutabilidad y la eternidad divinas.
Posteriormente, el Renacimiento, reintroduce en el arte cristiano elementos tomados del paganismo y del amor por la antigüedad clásica. La representación se vuelve más realista, en consonancia con la época, pero adopta una clara idealización antropomórfica, con mayor monumentalidad en las figuras. La Reforma, el movimiento iconoclasta, y la Contra-Reforma, introducirán cambios radicales en el arte cristiano. Paulatinamente el arte se abrirá a representaciones desligadas de los temas religiosos y, paralelamente, el arte se volverá más triunfalista y recargado dando origen al llamado período Barroco. La imagen de Cristo es entonces más naturalista, y busca provocar la identificación del espectador con las figuras representadas. El siglo XVIII está profundamente marcado por el arte profano y por el naturalismo que influyen directamente en la representación de la figura de Jesucristo. En el arte moderno, por su parte, se manifiesta una evolución hacia una multiplicidad de estilos y tendencias. En este pluralismo de búsquedas y movimientos artísticos que caracteriza el arte contemporáneo, surgen brillantes manifestaciones de la figura de Cristo, siempre desde una mirada personal.
Cabe señalar el interés que ha adquirido el arte abstracto en el arte religioso contemporáneo, pues la ausencia de figuración se convierte en una vía privilegiada para expresar la espiritualidad propia del ámbito religioso.
Arte Paleocristiano (siglo I – IV)
Hasta el siglo III no aparecen las primeras imágenes de Jesús. Esto puede explicarse por distintas razones, y entre ellas sabemos que por temor a la idolatría la ortodoxia judía tenía prohibida toda representación de seres animados, lo cual explica que su figura no haya sido plasmada por sus contemporáneos. Lentamente escritores y artistas fueron atreviéndose a imaginarlo, a representarlo idealmente.
“El arte que el cristianismo encontró en sus comienzos era el fruto maduro del mundo clásico, manifestaba sus cánones estéticos y, al mismo tiempo, transmitía sus valores. La fe imponía a los cristianos, tanto en el campo de la vida y del pensamiento como en el del arte, un discernimiento que no permitía una recepción automática de este patrimonio. Así, el arte de inspiración cristiana comenzó de forma silenciosa, estrechamente vinculado a la necesidad de los creyentes de buscar signos con los que expresar, basándose en la Escritura, los misterios de la fe y de disponer al mismo tiempo de un « código simbólico », gracias al cual poder reconocerse e identificarse, especialmente en los tiempos difíciles de persecución. ¿Quién no recuerda aquellos símbolos que fueron también los primeros inicios de un arte pictórico o plástico? El pez, los panes o el pastor evocaban el misterio, llegando a ser, casi insensiblemente, los esbozos de un nuevo arte. ... Cuando, con el edicto de Constantino, se permitió a los cristianos expresarse con plena libertad, el arte se convirtió en un cauce privilegiado de manifestación de la fe. Comenzaron a aparecer majestuosas basílicas, en las que se asumían los cánones arquitectónicos del antiguo paganismo, plegándolos a su vez a las exigencias del nuevo culto.” (Juan Pablo II, Carta a los Artistas)
Arte Bizantino
Este arte no busca la fidelidad con la realidad ni acentuar las características fisonómicas, sino plasmar la figura humana con hieratismo y solemnidad. Es eminentemente simbólico, asociando la imagen de Cristo con el Cordero y el Ave, símbolo de la Resurrección. Se suele representar al Cristo entre los Tetramorfos, los cuatro animales que simbolizan los evangelistas. El Cristo del arte bizantino es un Cristo triunfante, el Pantócrator, que significa en griego “todopoderoso”. Cristo es representado como emperador supremo o Padre Eterno de donde todo poder humano obtiene su fuerza. El arte bizantino, por su servicio a la liturgia, es acción tanto como contemplación. La representación de Jesucristo como “Pantocrator” trata de resumir en una sola figura al Salvador y al Creador. Cristo como origen, fin y juez supremo de la historia y del mundo. Generalmente su figura aparece en un trono en la mandorla o almendra mística, entre los signos alpha y omega. Esta representación aparece típicamente en las bóvedas y en las cúpulas de las iglesias en forma de grandes frescos o de enormes mosaicos.
Románico (siglo XI-XIII)
A partir del siglo XII va a prevalecer definitivamente el Cristo con barba. Pero aun se conservan algunas fórmulas anteriores como la visión del Pantócrator dentro de la mandorla. La fisonomía de Cristo ya no responde sólo a su aspecto helenístico, oriental o bizantino, sino que se modifica por la influencia del drama litúrgico y por la cosmovisión de Occidente. Las representaciones adquieren mayor narratividad y detallismo para transmitir mejor el mensaje de la vida del Salvador. Plantas y animales se utilizan simbólicamente. Es un período donde el arte cristiano exacerba su dimensión simbólica, presente desde los comienzos. Existe una evidente tendencia a la esquematización, tanto en las figuras aisladas, en las que se tiende a dar sensación de majestad, como en los paños, animales o decoración vegetal por la influencia bizantina. Hay una clara tendencia a la estilización de las figuras, al hieratismo mayestático y el paisaje se reduce al mínimo o se expresa simbólicamente.
Cristo en la cruz en majestad
Es una forma típica de representar a Cristo en los siglos XII y XIII. No se pretende realismo en la expresión de la figura de Cristo. Se le representa vestido con una túnica, sin la corona de espinas y se intenta transmitir que el sufrimiento de Jesús es un sufrimiento redentor y que está por encima del sufrimiento del hombre corriente. Cristo resucitado se representa con un cuerpo que no ha conocido la corrupción del sepulcro y que ya no presenta los rasgos del dolor y de la muerte.
Gótico (siglo XIII-XV)
La pintura en este período renuncia a la estilización románica tanto en las actitudes como en el estudio de las formas y paños, observadas en la realidad. El mayor verismo de las representaciones del cuerpo humano, animales y plantas expresa la inmutablidad y eternidad divinas. Aparecen con más frecuencia paisajes y construcciones en el fondo. Se pierde la majestad románica, sustituída por la tendencia hacia lo naturalista o anecdótico. Las representaciones presentan ciertos convencionalismos: el tipo oval de cabeza de trazos finos y boca menuda, y hacia fines del siglo XIII la característica incurvación del cuerpo al que acompaña un adecuado tratamiento de los paños, con la típica afición del gótico por la línea curva. Se caracteriza también por la utilización de un rico y luminoso colorido. La iconografía gótica presenta un aspecto idealista que busca la belleza en sí, a través de la la eliminación de las características particulares. Pero, sin embargo, la observación de la naturaleza es más acentuada que en le Románico. Las Catedrales góticas, con sus vitrales armoniosamente dispuestos, sirven para la enseñanza dogmática y moral de la vida del Hijo de Dios.
La Imagen de Cristo al final de la Edad Media
En el siglo XIII el pensamiento occidental experimenta un profundo cambio de orientación. En Italia se produce una influencia del arte monástico bizantino. La Crucifixión y la Pasión son representados con todo su patetismo. La influencia de la espiritualidad de San Francisco, que exhorta a la imitación de la vida de Cristo, ejerce una influencia importantísima en la cultura y el arte cristianos. Los artistas representan las escenas de la Pasión, acentuando el dolor y el sufrimiento. El Cristo románico, crucificado pero vestido con preciosa túnica, coronado como rey, y reflejando en su rostro la paz y la serenidad de un triunfo eterno, deja paso a los crucificados que conmueven y movilizan al contemplador. En el siglo XIV surge el llamado “estilo internacional” caracterizado por sus figuras alargadas, líneas caligráficas, espléndidos ropajes y mayor naturalismo. En el siglo XV, se produce la difusión de la Escuela flamenca que propaga la técnica al óleo, las composiciones patéticas, el brillante colorido y una técnica minuciosa y detallista. En estas representaciones se destaca la técnica, que ha llevado a que este período sea considerado como un proto-Renacimiento.
Renacimiento
La imagen de Jesucristo sufre el impacto propio del Humanismo y del Renacimiento. La cultura occidental intenta una nueva simbiosis espiritual entre el antiguo paganismo grecorromano y el cristianismo. El arte se inspira en la belleza de la antigüedad. El concepto humanístico rompe con los convencionalismos medievales en la pintura. Cristo es representado con el ideal de belleza masculina. Su figura expresa la fuerza y la armonía del cuerpo humano, producto de las minuciosas investigaciones anatómicas de los artistas del Renacimiento.
“El arte sagrado ha encontrado en este extraordinario complejo una expresión de excepcional fuerza, alcanzando niveles de imperecedero valor estético y religioso a la vez. Sea bajo el impulso del Humanismo y del Renacimiento, sea por influjo de las sucesivas tendencias de la cultura y de la ciencia, su característica más destacada es el creciente interés por el hombre, el mundo y la realidad de la historia. Este interés, por sí mismo, en modo alguno supone un peligro para la fe cristiana, centrada en el misterio de la Encarnación y, por consiguiente, en la valoración del hombre por parte de Dios... Baste pensar en el modo en que Miguel Ángel expresa, en sus pinturas y esculturas, la belleza del cuerpo humano”. (Juan Pablo II, Carta a los artistas)
Barroco (siglo XVII-XVIII)
La reacción contra la forma de representar a Cristo en el Renacimiento no se dejó esperar. La Reforma protestante, convencida de la corrupción radical de la naturaleza, vació sus iglesias de la presencia demasiada humana de Cristo. La Contrarreforma católica, especialmente en España, potenció la presencia de la religión en las calles mediante procesiones y representaciones teatrales, procurando la síntesis entre humanismo y fe. Tal vez la obra de El Greco sea uno de los mejores exponentes de este esfuerzo espiritualizador. Los Cristos se destacan por su carácter humano contundente y grave, con la dignidad que lo eleva sobre el mundo hostil, deshumanizado y deshumanizador. Sus ojos se elevan hacia la luz divina. El Barroco introduce el realismo y la problemática de la luz en la pintura, buscando nuevas formas expresivas de la religiosidad.
El Rostro de Cristo en los siglos XVIII y XIX
El arte y la religión se van distanciando durante los siglos de la Ilustración y de la revolución industrial. Los artistas trabajan más para la corte que para la Iglesia, por lo tanto la temática religiosa pierde su exclusividad. Ya en el siglo XIX, el Neoclasicismo, el Romanticismo, el Realismo y el Impresionismo aportan desde sus distintos estilos una nueva mirada sobre el arte. La piedad popular se alimenta de una imaginería poco elaborada. Surge así una imagen de Cristo dulzona y apocada, típica de las estampas. Sin embargo, a pesar del distanciamiento que se produce entre el artista y la Iglesia, son varios los pintores que, aunque sea ocasionalmente, realizan obras de tipo religioso. Tal es el caso de Goya, Gauguin y Van Gogh.
La imagen de Jesús en el siglo XX
La unidad artística –ya quebrantada en el siglo XIX- se rompe definitivamente. No hay denominador común, hecho que se acentúa después de las vanguardias y genera una multiplicación de tendencias en relación con la subjetividad del artista.
En el siglo XX y XXI el arte se abre hacia un pluralismo estilístico inusitado. Son muchos los pintores que, aunque no hayan tratado habitualmente temas religiosos, realizan obras inspiradas en la fe cristiana y en la figura de Cristo. La imagen de Jesús que ofrecen estos artistas es variada y, a veces, contradictoria, dependiendo de la cosmovisión o de la ideología del artista. Estas obras dan cuenta, así, de nuestra condición posmoderna o contemporánea donde, al menos en arte, “todo es posible”.
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1 comentario:

Anónimo dijo...

Diría que la totalidad de las imágenes preconstantinianas, son de origen pagano (crióforo, Orfeo con lira, pez, ancla, paloma, pavo real, orantes, banquete, nimbos, ángeles) siendo adoptadas y luego adaptadas al cristianismo.