martes, 1 de abril de 2008


Maestro de caminos... ¿Cuántas huellas de vida han dejado tus pies en la tierra de los hombres?
Jesús, Señor, nuestros miles de caminos no son ajenos a tu corazón. No te asustan nuestras orillas cotidianas.
Sabes del cansancio, de la miseria, de la soledad... Sabes lo que es gritar desde los márgenes de la vida y ver cómo siguen de largo aquellos que se sienten satisfechos.
Pero vos, Maestro, te has detenido, has sentido compasión de nuestras heridas. Las has curado con el aceite de la vida.
Jesús, Señor, nos has cargado sobre tus hombros, nos has llevado a tu casa, nos has recostado sobre tu corazón.
Tus huellas no hieren la tierra, al contrario, sanean nuestras sendas...
Cristo Señor, te compadeces de nuestras sombras. Te golpean nuestras cegueras... Lloras ante nuestras muertes, gritas en nuestras tumbas! y nos devuelves la vida.
Nuestra miseria no nos aleja de vos, al contrario, nos impulsa a buscarte, a encontrar el camino que se junte con tus huellas.
Jesús, Señor, sigue deteniéndote en nuestra historia. No dejes de compadecerte de nuestras orillas sin vida.
Que tu camino hasta la cruz nos devuelva una historia renovada, un corazón comprometido, tu presencia cotidiana...

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